martes, 18 de enero de 2011

¿CÓMO APRENDEN A SENTIR LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS?


Los niños y las niñas incorporan sus emociones de maneras diversas: por la herencia, de influencias externas, con las propias vivencias y con la educación.
     Cada persona recibe unas herencias: físicas, sociales..., y también emocionales. Estas herencias conllevan emociones de sufrimiento: miedos, angustia... Nuestros antepasados dedicaron la mayor parte de su energía en cubrir sus necesidades básicas y prestaron poca atención a las psicológicas. Por tanto, no disolvieron sus sufrimientos y los pasan a los nuevos seres.
     Desde el momento de la concepción y hasta los cinco años algunos estados emocionales de la madre o de personas cercanas pueden pasar al niño. También puede impregnarse de las emociones de ambientes concretos y de otras que surgen de sus propias vivencias. Además, si algunas emociones no se viven de manera adecuada se pudren dentro y se transforman. Por ejemplo, el amor se convierte en celos, envidia...
     Cada grupo humano educa a los niños en sus formas específicas de sentir, desde la óptica de que lo importante es el grupo y no lo que siente cada persona. (Importa mucho el qué dirán o qué pensarán). Si un niño tiene una emoción que no coincide con el sentir socialmente aceptado, se intentará tapar la suya con la del grupo: “No estés triste que son las fiestas”.
     En el proceso para la educación emocional suelen darse varios pasos. Primero, no aceptamos al niño en una vivencia emocional y se lo decimos: “Yo a los niños que se enfadan no los quiero’; después se puede pasar al rechazo: “Vete a tu habitación’; y luego a la amenaza: “Cómo sigas dando gritos te la vas a cargar” e incluso se puede terminar en violencia: “Toma, para que grites con razón’.
     Igualmente se les enseñan las formas concretas de cómo sentir y cuándo sentir una u otra emoción: “No llores”, “Si te pegan, pégales’ o “Fiestas, ¡qué alegría!. Además les preparamos en qué sentir con cada persona o con el grupo: amor a la familia o rechazo a los de otras culturas. Por último, los niños aprenden a manejar las emociones para lograr algún tipo de beneficio: enfadarse para que otros tengan miedo y hagan lo que él desea, o ir de bueno para que le quieran.
     Al final del proceso educativo los niños tienen ya un programa emocional, que se manifiesta en conducta y se justifica de manera racional, sin tomar en cuenta las emociones que subyacen.

Pepe López Sánchez, Profesor del CP José A. Labordeta y
miembro del M.RP “Aula Libre”. jlopezsanc@educa.aragon.es

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